ENTREVISTA A LA VIDEOARTISTA BEATRIZ SÁNCHEZ

“Suelo acceder a particpar en ciertas actividades porque tengo todo en internet,

pero si es una institución o empresa privada con pasta les cierro la puerta”

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La combinación entre el disparate y la ironía, es la característica inalienable de las obras de Beatriz Sánchez (Córdoba, 1978). Artista visual Licenciada en Bellas Artes en la UPV y Máster en Artes Digitales por la Universidad Pompeu Fabra, aplica el bagaje de su obra pictórica a los nuevos formatos digitales, adoptando múltiples soportes para sus creaciones tales como vídeo, imagen digital, sonido, arte interactivo, Net-art, web y teléfonos móviles.

A través de imágenes que desfilan ante nuestros ojos de manera aparentemente improvisada y aleatoria, la artista cordobesa desarrolla imaginarios que descontextualizan y reinventan situaciones de lo humano, transportándolas a un insaciable territorio paranormal, originado un estilo que le gusta calificar como “sucio” (por el uso low-tech) y “canallesco” (por la ironía y el humor rancio).

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Trabaja intuitivamente probando, rectificando, insistiendo y finalmente hallando. La presencia del error es un rasgo esencial en su obra, donde el eje conceptual que maneja gira en torno a la figura humana y su comportamiento: la demencia, el ruido, la ingenuidad, el exceso, la alienación, el cuerpo, lo aberrante, el absurdo, lo extravagante y el desorden, construyendo un lenguaje propio, en un combinado entre “lo idílico y lo caótico, muchas veces de corte idiótico” sostiene.

Cuando Beatriz Sánchez comenzó su andadura en el terreno del arte multimedia, éste detentaba una posición de auge y novedad, donde proliferaban las convocatorias de artes plásticas para estos formatos. Sin embargo, consecuencia directa de la crisis, se percibe la sensación de que el arte digital es algo que no renta tanto a coleccionistas como a galerías al ser excesiblemente reproducible. Sus últimos trabajos se han centrado en la producción de videoclips para grupos underground como Guadalupe Plata o Los Ganglios, mediante los que puede subsistir, pero no vivir. “Comer del arte es relativo. Más bien es jodido, ya que es muy difícil encontrar que se aplique el código de buenas prácticas que exige (en el caso del videoartista) unos fees por pase. Antes era más común cobrar por un pase de vídeo, y cada vez más se ponen en contacto muchos festivales, asociaciones sin ánimo de lucro y algunos jetas que no ofrecen nada por tu participación en sus actividades. Yo suelo acceder porque lo tengo todo en internet, pero si es una institución o empresa privada con pasta les cierro la puerta”. Vivir del arte en España es una utopía.

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Adentrados en la era de la información, de la tecnología, los artistas que trabajan con la imagen en movimiento exigen -cada vez más- dispositivos de reproducción de última generación y un tipo de espacio que recuerda más a la sala de cine. Un esnobismo que no encontramos en las obras de Beatriz Sánchez, las cuales no requieren de grandes demandas dimensionales o técnicas. “Cada vez más, estoy rozando la inmaterialidad de lo expositivo. Ahora llego a un público más amplio y diverso, aunque ello implique un estatismo en mi currículum artístico. A ojos de algunos compañeros y sus comentarios, da la impresión de que estoy en una etapa de stand by expositivo en comparación con años anteriores; pero no es así, últimamente me muevo más en internet que en las propias salas”.

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En ese sentido, emerge uno de los últimos proyectos que ha llevado a cabo junto a la artista también cordobesa Verónica Ruth Frías. El Duelo. Y murieron con las pelucas puestas, es un combate audiovisual que nació y se desarrolló en internet, fomentando la participación del público, sin distinción entre expertos y aficionados, a través de las redes sociales, que explica la visibilidad del trabajo de Beatriz Sánchez hacia el espectador. “Este proyecto intenta hacer accesible el videoarte a un público más amplio, el cual se siente implicado por el hecho de que puede participar comentando y votando. Así, al tratarse de un combate entre dos artistas hace de gancho para un público menos activo en los círculos artísticos. Se la hemos colado a mucha gente haciéndoles creer que están presenciando un Madrid-Barça del arte, y eso me gusta” afirma. En cierto modo, nos encontramos ante un ejemplo de narrativa transmedia, donde sin romper la cadena argumental que une los trabajos y utilizando formatos y técnicas libres, como el apropiacionismo, el collage o las narrativas experimentales, se exprime al máximo el uso de los medios de edición y comunicación tan accesibles al usuario medio que pueden expandirse y dar más de sí que otras complejidades informáticas, típicas del arte digital.

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Inmersos en una absoluta democratización de los medios, donde a pesar de todo, el arte profesionalizado es una práctica hecha por y para burgueses. La artista cordobesa, en esta esfera, reclama que con dicha democratización “esta implantación cambie y así podamos acceder a entender otros ángulos de pensamiento y expresión”. Es latente la necesidad de actualizar el videoarte en la era de los new media y las creaciones de Beatriz Sánchez, a través de su lenguaje personal como arma de identidad, prácticas y recursos, ayudan a reforzar el carácter pedagógico de las mismas para acercar el arte a cualquier sector.

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